Una ciudad antigua renace en Camboya.

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Sobrevivió a siglos de lluvias monzónicas, a las bombas estadounidenses y a los saqueos. En Camboya, un conjunto de templos cuyos orígenes se remontan al siglo VI sale de las sombras.

El sitio de Sambor Prei Kuk, que en jemer significa “el templo en la riqueza de la selva” -sus templos de ladrillo están abrazados por las raíces gigantes de árboles tropicales- acaba de ser incluido en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Oculto en la selva tropical, en la provincia de Kampong Thom (centro), el sitio era hasta ahora mucho menos conocido que Angkor, la principal atracción turística del país.

Pero los turistas empiezan a afluir a este conjunto arqueológico, que cuenta con más de 300 templos diseminados por una superficie de 25 km2.

Sambor Prei Kuk era la capital del reino de Chenla, que tuvo su apogeo en el siglo VII, varios siglos antes que Angkor.

La historia reciente del lugar, bastante movida,  ha estado muy ligada a los dramas que ha vivido la Camboya moderna.

El sitio fue descubierto por exploradores franceses a finales del siglo XIX, cuando Camboya formaba parte de la Indochina francesa.

Sin embargo, hubo que esperar a los años 1920 para establecer una primera cartografía del lugar.

“Al principio se descubrieron 16 templos, luego se empezó a limpiar”, explica Hang Than, responsable del sitio arqueológico.

Pero durante la guerra en el vecino Vietnam, en los años 1970, numerosas bombas estadounidenses alcanzaron la zona, como atestiguan centenares de cráteres.

Tras la caída del régimen de Pol Pot (1975-79), la zona se vio englobada en los años 1980 en un bolsón ocupado por Jemeres Rojos que se negaban a deponer las armas.

Los esfuerzos no pudieron reanudarse hasta finales de los 1990. Con la ayuda de empresas japonesas, comenzaron entonces varias décadas de desescombro, tala de árboles y estabilización de las estructuras.

Hang Than expresa su satisfacción por “la afluencia de turistas extranjeros y locales” desde la inscripción del sitio en la lista de la UNESCO.

Pero las infraestructuras son por ahora básicas y llegar hasta este lugar es difícil, debido al mal estado de la carretera, pese a los sólo 200 km que le separan de la capital Phnom Penh.

A pesar de todo, en el aparcamiento polvoriento hay cada vez más autobuses turísticos.

“Nos sorprendió que este lugar se agregara a la lista” de la UNESCO, comenta Mao Sambath, que vende frutas exóticas a los turistas.

“Era muy diferente cuando empecé a trabajar. No creo que siete guías sean suficientes en este momento”, explica por su parte Lay Alex, que guía a los turistas por el lugar desde hace 10 años.

 

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